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Expertos en artesanía reunidos en Madrid

El pasado 22 de enero, la Fundación LOEWE y el IED presentaron un encuentro sobre artesanía contemporánea que reunió a nombres relevantes en el mundo del diseño, la artesanía, la arquitectura, el periodismo y el comisariado como Antonia Boström, Sara Flynn, Ramón Puig Cuyàs, Joonyong Kim y Anatxu Zabalbeascoa, todos ellos vinculados al LOEWE Craft Prize. Sus vivencias más personales, ciertas reflexiones sobre la actualidad creativa o sus principales fuentes de inspiración fueron algunos de los aspectos más destacados de esta interesantísima charla, desarrollada en inglés ante un público que reunió a más de 120 personas. 

Anatxu Zabalbeascoa -periodista e historiadora del Arte, y Presidenta del Jurado del LOEWE Craft Prize- moderó un encuentro que reunió a personajes tan diversos como determinantes en la artesanía actual. La cita propició una amena conversación que desveló la evolución de la artesanía tradicional a la artística, o la trascendencia de la belleza y la creación contemporánea en el mundo de hoy. 

El joyero Ramón Puig Cuyàs ha visto expuesta su obra por todo el mundo desde 1972, formando hoy parte de colecciones públicas y privadas, y ha sido galardonado con premios como el Herbert Hoffman de Munich, la mención especial del Premi Ciutat de Barcelona o el Danish Craft Bogprice, entre otros; su trayectoria le proporciona una sabiduría admirable en su discurso, que también desarrolla gracias a su constante actividad docente.

Por su parte, Antonia Boström – actual directora de colecciones del Victoria & Albert Museum de Londres- pasó más de veinte años trabajando en museos de arte americanos antes de volver al Victoria & Albert Museum en el que había comenzado su carrera profesional; sus investigaciones en el campo de la escultura han cristalizado en una prolífica bibliografía sobre esta especialidad artística. El coreano Joonyong Kim es profesor de la Universidad de Cheongju y ha sido finalista de la edición pasada del LOEWE Craft Prize; su trabajo se ha exhibido internacionalmente tanto en exposiciones individuales como colectivas y es un referente por sus creaciones en vidrio. Por su parte, la ceramista irlandesa Sara Flynn, fue finalista de la primera edición del LOEWE Craft Prize e integrante de su panel de expertos durante los dos años siguientes; su obra, mundialmente reconocida, la ha llevado a participar como conferenciante, formar parte de diversos jurados de certámenes de artesanía y haber disfrutado residencias de creación en distintos países.

Un encuentro de artistas que no dudaron en exhibir sus mejores armas creativas y recibieron, tras sus intervenciones, un buen número de preguntas y felicitaciones por un público numeroso y muy diverso que llenó el Aula Magna de la madrileña sede del IED en Madrid. 

Fotografías: Sara Flynn presenta su trabajo ante Anatxu Zabalbeascoa, Ramón Puig Cuyàs, Joonyong Kim y Antonia Böstrom. Ramón Puig Cuyàs. Antonia Boström y Joonyong Kim © Álvaro Tomé para FUNDACIÓN LOEWE.

John Allen, la emoción del color

La sabia y distendida conversación de John Allen con la periodista Anatxu Zabalbeascoa -protagonistas del Encuentro LOEWE A bag is a landscape– ocupó recientemente la emblemática tienda LOEWE de la calle Gran Vía madrileña y la Galería LOEWE de Barcelona. Jonathan Anderson, director creativo de la firma LOEWE, ha partido de los diseños de este tejedor y maestro tapicero británico para crear una colección que convierte los dibujos planos de Allen -pensados para colgarse de la pared como alfombras- en complementos. “No podía imaginar mis diseños en tres dimensiones”, reconoció Allen. Además de toallas y bolsos de playa, sus colores han llenado carteras, llaveros o alpargatas. Paisajes que derivan hacia la abstracción y desvelan, en esta colección, la sintonía entre Allen y Anderson. “Confiábamos el uno en el otro”, declaró Allen. “Ha sido como entregarle a mi bebé”.

CornishHarbour

Diseñador, artesano, tejedor… a John Allen le resulta indiferente cómo quieran etiquetar su trabajo. “Me veo a mí mismo como artista, pero puede parecer muy pretencioso; en realidad lo que hago es crear ideas para otros”, añade con admirable humildad. Una inspiración que, además, le llega “de todas partes” pero cuya principal motivación es el color. “El color me emociona, es como romper fronteras”, añade. Es esta una herramienta creativa que, en su opinión, “no se puede enseñar; es imposible aprender a disfrutar los colores”. Allen ha impartido clases en Royal College of Art -donde fundó el departamento textil- hasta 1989, cuando decidió centrarse en su propio trabajo.

Allen&Zabalbescoa

Experto en reinventarse, reconoce mantener una cierta “frescura” hacia su trabajo, acentuada quizás por el hecho de llevar “tanto tiempo trabajando con jóvenes”. “La gente no busca, no evoluciona…”, se lamenta. “Soy alguien cuya actitud ha cambiado con los años, soy un hombre del futuro”. Cuando Zabalbeascoa le planteó cómo se verá esta colección con el paso del tiempo, Allen se quedó pensativo, como mirando hacia adelante. Luego sonrió y dijo: “Creo que envejecerá bastante bien”. Falling Leaves es, según reconoció a los asistentes, “mi favorito de entre todos mis diseños.” Porque -se ríe- “cuando llevo este bolso siempre hay alguien que me para y pregunta: ‘¡Oh!, ¿de dónde has sacado esa maravilla?’”.

FallingLeaves

Fotografías: Toalla de playa Cornish Harbour y duffle en canvas Falling Leaves, Colección John Allen Primavera Verano 2015 © LOEWE, 2015. Encuentro LOEWE A bag is a landscape con John Allen y Anatxu Zabalbeascoa en Galería LOEWE, Barcelona © Yolanda Muelas para LOEWE, 2015.

El factor humano en la joyería artística

“Los mejores objetos dejan ver que el artesano que los ha realizado ha obtenido placer con ese trabajo”. La frase tiene más de un siglo -la escribió William Morris, el diseñador ideólogo del Arts&Crafts británico-, pero el joyero barcelonés Ramón Puig Cuyàs (1953) la suscribe. Los broches de este orfebre pueden verse en Madrid, en la tienda Loewe de la calle Serrano 26, hasta finales de abril. Las ideas que sustentan la “perpetua novedad” –en palabras del director creativo de la casa Jonathan Anderson- de estas piezas pudieron escucharse el pasado jueves, en boca del joyero, en la legendaria tienda de la Gran Vía madrileña.

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Que una idea casi tan antigua como la primera tienda de Loewe -en la que se celebró esta segunda conversación organizada por la Fundación Loewe-  mantenga su vigencia resume lo que esta casa, y este orfebre, trataron de comunicar. El diálogo “El factor humano en la creación actual” fue, en realidad, una entrevista en directo (la periodista Anatxu Zabalbeascoa lanzó las preguntas) durante la primera parte y un alegato en favor de la “creación con contenido” a manos del orfebre catalán descubierto, para casi todos los presentes, por el ojo de Anderson.

Así, Puig Cuyàs corroboró que sólo conociendo el pasado se puede formar un criterio para abordar el futuro. El joyero habló sobre el componente contestatario de la joyería –recordando que tras la Guerra Civil fueron muchos los creadores que ensayaron el uso de nuevos materiales, no sólo por falta de recursos sino también para desvincularse de las llamadas “joyas del estraperlo”. Esa práctica hizo que, como ocurriría también tras la Segunda Guerra Mundial, la joya dejase de estar en los metales preciosos para pasar a estarlo en la creación artística.

caja6Fue así como Puig diferenció entre las joyas con valor material, las joyas “de diseño” y las escasas piezas que “buscan dar forma a lo oculto” y, precisamente por eso, indagan en las arenas movedizas de la frontera con el arte.

Somos la sociedad que más objetos posee. También la que menor apego siente hacia sus posesiones. En consecuencia, hemos perdido la memoria que asociábamos a nuestras pertenencias. Esta situación, además de ser insostenible, nos retrata como sociedad en una traducción muy poco favorable. Por eso, ante el reto de la digitalización -y la consecuente y progresiva desaparición de tantos objetos engullidos por la tecnología- Ramón Puig Cuyàs defendió la importancia fundamental, no anecdótica, del ornamento como huella, memoria y creación.

Lo que Jonathan Anderson quiso poner en valor, el patrimonio cultural de la casa Loewe, Puig lo resume como sinceridad, autoridad y honestidad aplicado a cualquier creación. Esa apuesta por transmitir un contenido llevó al joyero barcelonés a hacer una defensa de lo imperfecto como un vocabulario más personal e inacabable, frente al idioma, casi matemático, de la perfección. Otro artista del Arts&Crafts sirve para resumir el diálogo de opuestos (caos y orden, serio y lúdico, pesado y ligero) manifiesto en los últimos broches de Puig. “Hay esperanza en el error honesto. Ninguna en la perfección gélida”. Es el arquitecto Charles R. Mackintosh el que habla ahora, pero podría estar haciéndolo Puig, que concluyó reivindicando la fuerza de sus broches como un ornamento “sin género, capaz de ampliar identidades”.

Joyas que rompen barreras, broches que necesitan el cuerpo como marco, o como pedestal, arte útil y creación con fondo. Todo eso puede verse en la colección de broches que resume 40 años de creación del orfebre-pintor Ramón Puig Cuyàs. En la segunda conversación organizada por la Fundación Loewe nos lo explicaron. La joyería como arte y el broche como un vehículo que amplía la identidad.

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Fotografías: Encuentro Loewe de Ramón Puig Cuyàs y Anatxu Zabalbeascoa en la tienda Loewe de Gran Vía, Madrid. Broches, Ramón Puig Cuyàs. Hasta finales de abril 2015 [Lunes a sábado: 10:00 a 20:30h. Domingos y festivos: 11:00 a 20:00h.]