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Broches de Ramón Puig Cuyàs en Loewe Barcelona

PuigCuyàs1El joyero Ramón Puig Cuyàs, acompañado por el crítico e historiador de arte Daniel Giralt-Miracle, participó esta semana en el Encuentro LOEWE “El factor humano en la creación actual” que tuvo lugar en el mismo espacio que ahora acoge sus piezas -la tienda LOEWE de Barcelona en Paseo de Gracia- , propiciando una oportunidad única para admirar y conocer el trabajo del joyero y su vínculo con la nueva colección de la firma española.

Explicó Ramón Puig que desde el principio intentó “hacer una joyería que le gustara a la gente a la que no le guste la joyería”, alejándose de la idea de priorizar, como suele suceder en este ámbito, ante “el valor de los materiales”. Para él, romper moldes en el sector joyero significa “conectar las piezas con el origen, con el simbolismo, no con la necesidad de ostentar”. La importancia de la voluntad artística del artesano, que justifica explicando que “la creación es el acto de hacerlo uno mismo, participando en todo el proceso” llevó a Ramón Puig a confesar que “hacer las cosas bien… te hace feliz”.

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Revisar el pasado para alcanzar el futuro, dice el joyero, es la base de toda evolución, ya que “para transformar algo hay que ser consciente de dónde venimos”, y defendió, igualmente, la idea de “recuperar viejas tradiciones insertándolas en marcos diferentes”.

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Ese ha sido, precisamente, el punto de partida de Jonathan Anderson en su colección creada en torno a estas joyas; algunas camisetas tienen impresiones abstractas inspiradas en el trabajo de Ramón Puig Cuyàs; una metáfora perfecta de la filosofía creativa e inspiradora de LOEWE.

Exposición de broches de Ramón Puig Cuyàs, hasta el 18 de octubre en la Tienda LOEWE de Paseo de Gracias, 35, Barcelona.

Fotografías: Ramón Puig Cuyàs y Daniel Giralt-Miracle, broche de Puig Cuyàs y T-shirt de la colección LOEWE de hombre Otoño Invierno 2015.

El factor humano en la joyería artística

“Los mejores objetos dejan ver que el artesano que los ha realizado ha obtenido placer con ese trabajo”. La frase tiene más de un siglo -la escribió William Morris, el diseñador ideólogo del Arts&Crafts británico-, pero el joyero barcelonés Ramón Puig Cuyàs (1953) la suscribe. Los broches de este orfebre pueden verse en Madrid, en la tienda Loewe de la calle Serrano 26, hasta finales de abril. Las ideas que sustentan la “perpetua novedad” –en palabras del director creativo de la casa Jonathan Anderson- de estas piezas pudieron escucharse el pasado jueves, en boca del joyero, en la legendaria tienda de la Gran Vía madrileña.

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Que una idea casi tan antigua como la primera tienda de Loewe -en la que se celebró esta segunda conversación organizada por la Fundación Loewe-  mantenga su vigencia resume lo que esta casa, y este orfebre, trataron de comunicar. El diálogo “El factor humano en la creación actual” fue, en realidad, una entrevista en directo (la periodista Anatxu Zabalbeascoa lanzó las preguntas) durante la primera parte y un alegato en favor de la “creación con contenido” a manos del orfebre catalán descubierto, para casi todos los presentes, por el ojo de Anderson.

Así, Puig Cuyàs corroboró que sólo conociendo el pasado se puede formar un criterio para abordar el futuro. El joyero habló sobre el componente contestatario de la joyería –recordando que tras la Guerra Civil fueron muchos los creadores que ensayaron el uso de nuevos materiales, no sólo por falta de recursos sino también para desvincularse de las llamadas “joyas del estraperlo”. Esa práctica hizo que, como ocurriría también tras la Segunda Guerra Mundial, la joya dejase de estar en los metales preciosos para pasar a estarlo en la creación artística.

caja6Fue así como Puig diferenció entre las joyas con valor material, las joyas “de diseño” y las escasas piezas que “buscan dar forma a lo oculto” y, precisamente por eso, indagan en las arenas movedizas de la frontera con el arte.

Somos la sociedad que más objetos posee. También la que menor apego siente hacia sus posesiones. En consecuencia, hemos perdido la memoria que asociábamos a nuestras pertenencias. Esta situación, además de ser insostenible, nos retrata como sociedad en una traducción muy poco favorable. Por eso, ante el reto de la digitalización -y la consecuente y progresiva desaparición de tantos objetos engullidos por la tecnología- Ramón Puig Cuyàs defendió la importancia fundamental, no anecdótica, del ornamento como huella, memoria y creación.

Lo que Jonathan Anderson quiso poner en valor, el patrimonio cultural de la casa Loewe, Puig lo resume como sinceridad, autoridad y honestidad aplicado a cualquier creación. Esa apuesta por transmitir un contenido llevó al joyero barcelonés a hacer una defensa de lo imperfecto como un vocabulario más personal e inacabable, frente al idioma, casi matemático, de la perfección. Otro artista del Arts&Crafts sirve para resumir el diálogo de opuestos (caos y orden, serio y lúdico, pesado y ligero) manifiesto en los últimos broches de Puig. “Hay esperanza en el error honesto. Ninguna en la perfección gélida”. Es el arquitecto Charles R. Mackintosh el que habla ahora, pero podría estar haciéndolo Puig, que concluyó reivindicando la fuerza de sus broches como un ornamento “sin género, capaz de ampliar identidades”.

Joyas que rompen barreras, broches que necesitan el cuerpo como marco, o como pedestal, arte útil y creación con fondo. Todo eso puede verse en la colección de broches que resume 40 años de creación del orfebre-pintor Ramón Puig Cuyàs. En la segunda conversación organizada por la Fundación Loewe nos lo explicaron. La joyería como arte y el broche como un vehículo que amplía la identidad.

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Fotografías: Encuentro Loewe de Ramón Puig Cuyàs y Anatxu Zabalbeascoa en la tienda Loewe de Gran Vía, Madrid. Broches, Ramón Puig Cuyàs. Hasta finales de abril 2015 [Lunes a sábado: 10:00 a 20:30h. Domingos y festivos: 11:00 a 20:00h.]