“Un premio como el LOEWE siempre llega en el mejor momento”, confiesa Diego Doncel (Malpartida, España, 1964), ganador del XXXIII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE. Jaime Siles describió su libro galardonado, La fragilidad, como “un poemario absoluto, total, de una admirable madurez vital y expresiva”. Un libro sobre la pérdida del padre cuya historia, como indica Doncel, “estaba dentro de mí, era muy potente, pero fue brotando de forma apacible, incluso serena. Apostaba por señalar el dolor, sobre todo por dar categoría a la lucha por un ser querido, a su vida y a su memoria, por transformar todo el sufrimiento en un acto de amor”. Escribir, explica el poeta, es “saber esperar”, y él se preparaba interiormente “para que los recuerdos o las vivencias surgieran, para saber qué de toda esa inmensa experiencia era lo realmente relevante. Lo mismo ocurría con las palabras, porque sabía que nada de esa experiencia podría existir si no encontraba la voz adecuada, las imágenes precisas”. Lo bueno –añade– “no es que el poema refleje la experiencia que lo motiva, sino que la experiencia esté ocurriendo en el poema”.

Quizás, indica Doncel, este poemario sea una consecuencia de todo lo que había escrito antes. “Tal vez abandoné muchas cosas y fui al encuentro de otras. A lo mejor el pacto que hice conmigo de decir la verdad, de ir a mi diario a recoger lo que sentí o pensé en algunos momentos me ayudó a encontrar esa voz. Yo creo que todo está en nosotros si sabemos ir a su encuentro”, concluye. Reconoce al cariz biográfico de su poesía, principalmente a partir de su segundo libro, y explica que “a veces está mi vida en ella y otras la vida, las historias de la gente. Es frecuente que unas y otras se entrecrucen dentro del mismo texto”.
Dice el poeta que vive “con fragilidad” el despegue de su libro. “Un libro es como un nuevo ser en el mundo que todo lo llena de alegría, pero también de responsabilidad, sobre todo cuando muchos lectores se sienten identificados con lo que se dice en él”, cuenta. Cree que la fuerza de un libro reside “en que deja de ser solamente tuyo para ser de un puñado de gente que, en muchos casos, ni siquiera conoces, que tal vez ni siquiera han nacido todavía. Da igual que un libro termine en una estantería perdida de una librería de saldo, lo importante es que haya un lector que necesite encontrarse con él. Se escribe para ese hipotético lector”.

Anhela que la poesía sea “un consuelo, una compañía” y le gusta que el poema “sea una confidencia, como susurrarle a alguien querido un gran secreto”. Diego Doncel está trabajando en un ensayo sobre poesía, investigando mediante experiencias personales “cuál es su importancia en el mundo de hoy y cómo ésta va más allá de las meras cuestiones mercantiles”. «Carles Riba, según la lectura de Gabriel Ferraté, –nos explica– se preguntaba cuál era el lugar de la poesía en medio de los sistemas económicos, filosóficos o sociales en el mundo de hoy y yo también recojo esa inmensa pregunta y trato de tentar algunas respuestas. Debemos intentar demostrar a la gente de estos inicios del nuevo siglo el valor de la poesía y hasta qué punto un poema potencia nuestra sensibilidad”.

Confiesa el poeta que se presentó a la convocatoria del Premio LOEWE “por su indudable importancia, porque es un premio que tiene repercusión en toda la poesía de nuestra lengua”. Pero también por la posibilidad “de que esta historia familiar que tanto dolor nos causó también pudiera darnos una alegría”. Además, nos dice, “el galardón llegó unido a mi padre con lo cual se ha convertido para mí en un doble motivo de satisfacción. También ha servido para mitigar esta encrucijada en la que nos encontramos. Por muchos motivos estamos viviendo un tiempo histórico en que se nos exige que demos lo mejor de nosotros y me parece bien que yo dé este libro de poemas”.
Fotografías: Diego Doncel. Álvaro Tomé para FUNDACIÓN LOEWE
“El año pasado tuvimos que cancelar el acto de entrega del premio en el ultimísimo momento”, recordó Sheila Loewe, Presidenta de la Fundación, en la presentación del acto. “Esta vez, nada podrá privarnos de celebrar juntos la poesía”, añadió. No sólo fue aquella la primera ausencia de este evento en los 32 años que tenía entonces este galardón, sino que era además la primera vez que los dos premios –también el de Creación Joven– recaían en sendas mujeres: Aurora Luque y Raquel Vázquez. Por eso ellas también estuvieron presentes en el acto de este año, leyendo sus poemas. Raquel Vázquez dio voz a “Un lugar” de su libro Aunque los mapas, y Aurora Luque a “Gavieras”, el poema que dio título a su libro, también galardonado en la XXXII edición del Premio,
Elena Medel, ganadora del Premio LOEWE a la Creación Joven en 2013, presentó Peachtree City. “Os recomiendo leer el libro de Mario olvidando su edad. Claro que es llamativo que lo escribiera con 16 años y que él ahora tenga 17, pero me parece muy injusto reducir una escritura tan inteligente, tan generosa y brillante, a una cifra. Es un libro excepcional”, dijo en la presentación. Un libro, añadió Medel, “sobre la identidad de la poesía, sobre su valor personal y sobre la poesía como forja de quienes somos. La poesía de Mario es un salvavidas para enfrentarse al mundo”. Mario Obrero celebró que los asistentes dejaran “que la poesía se haya hecho un hueco” en sus agendas y tuvo palabras de agradecimiento para la Fundación LOEWE y para Elena Medel. Peachtree City, dijo el poeta, articula que “la poesía es ese lugar común donde existe una empatía, una identificación poética con el otro basada en la esperanza, en la solidaridad y en una conciencia profunda que va unida de la belleza y de la memoria”. En su intervención, Mario Obrero recordó que “militar la lógica poética podría ser otra de las funciones naturales de la poesía. La lógica poética no es la lógica de la realidad, la lógica cotidiana ni la lógica que está inmersa en los discursos dominantes del tedio”. Sin embargo, no cree que sea “ni menos veraz, ni menos legítima, ni menos lícita; muy por el contrario, hay momentos en los que la lógica poética está atenta a murmullos, a cosas que, con torpeza, la realidad más cotidiana no sabe apreciar”.

Además, los 1.247 participantes de 36 países han supuesto un incremento del 19,3% en el número total de manuscritos enviados respecto al año anterior, lo que también convierte a la edición de 2020 en un Premio especialmente extendido, ya que un 25% de ellos provenían de Hispanoamérica. A partir de esta edición, la edad máxima para acceder al Premio a la Creación Joven alcanza los 33 años, tres más que antes.