El pasado 12 de marzo, el Hotel Ritz de Madrid se engalanó para acoger el acto de entrega de la XXXVII edición del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe. Un año más, un buen número de personalidades de la cultura y las letras han celebrado la continuidad de un certamen que se ha convertido en una celebración internacional de la lengua española. Javier Velaza (Tudela, Navarra, 1963) recibió el Premio Loewe de Poesía de 2024 por su poemario Las ignorancias y Omar Castro (Lima, Perú, 1992) el Premio a la Creación Joven por Habitación persona sola.

Las palabras de Sheila y Enrique Loewe -Presidenta y Presidente de Honor de la Fundación respectivamente- abrieron el acto con una cálida bienvenida en la que no sólo se festejaba la entrega de los galardones y la presentación de los libros publicados por la Editorial Visor, sino también la evolución de un premio que en sus más de tres décadas de vida ha reunido a un Jurado que representa un abanico generoso y valiosísima de la poesía actual. En esta edición, ha estado presidido por Víctor García de la Concha y constituido por Gioconda Belli, Antonio Colinas, Aurora Egido, Juan Antonio González Iglesias, Raquel Lanseros, María Negroni, Carme Riera, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena y Diego Roel, ganador de la anterior convocatoria.

El poeta Jaime Siles presentó Las ignorancias, de Javier Velaza, haciendo hincapié en la soledad tanto del poeta como del lector, quienes se encuentran “reunidos en la página” y en cómo “hay un espacio y un tiempo infinitos, y una no menos infinita soledad del papel”. Se refirió también a la vida íntima, propia, particular y escondida en cada poema y cómo este libro se muestra “consciente de las limitaciones de lo humano” para desvelar “que lo simple es siempre verdadero, porque lo verdadero siempre es simple”. Añadió Siles que en el libro de Velaza también hay humor, y esconde la idea de la vida como arquitectura y construcción, con el planteamiento de preguntas incontestables, o quizás nunca contestables en su totalidad. “Javier Velaza cree en nuestro indestructible todavía, que constituye el fundamento de todo cuanto sobre lo que el ser humano se erige y se levanta”, afirmó el poeta. Describió el poemario ganador como un “libro polifónico, solidario, humanísimo, que hace de la palabra y el lenguaje su taller de operaciones y su campo de experimentación”.

Velaza, tras agradecer a la Fundación Loewe su apoyo a las artes y la poesía, al Jurado, al editor Chus Visor y a Elena Goñi por ilustrar el libro, habló acerca del valor de la ignorancia haciendo referencia a Sócrates y a Nicolás de Cusa, reconociéndola como el origen del estudio y la investigación, y también a la “ignorancia metafísica que nos lleva al límite de lo que podemos realmente conocer, a lo que no podemos llegar”; también a una “ignorancia mística” que nos lleva a Juan de la Cruz y a la del hombre que “ignora deliberadamente” porque -dice el poeta- “no quiere enfrentarse a la carga o las preocupaciones que genera el propio conocimiento”. Una intervención brillante y cercana, cargada de filosofía, respeto y sabiduría que desembocó en la lectura de algunos de sus poemas del libro ganador.

Habitación persona sola, el libro del poeta Omar Castro, fue presentado por Gioconda Belli, miembro también del Jurado. Al igual que Velaza, Castro leyó algunos de sus poemas, cargando el salón con la fuerza de un lenguaje claro, directo y tremendamente riguroso con el que el poeta nos enfrenta a la preocupante situación de la vivienda para la generación actual.
Al día siguiente, ambos autores protagonizaron una lectura poética en el Instituto Cervantes moderada magistralmente por Gioconda Belli, y la Fundación Antonio Gala acogió el día 14 otra lectura poética con los ganadores en su sede cordobesa.

Fotografías: Enrique Loewe. Javier Velaza y Sheila Loewe. Gioconda Belli, Omar Castro Villalobos, Javier Veleza y Jaime Siles © Fundación LOEWE, 2025.



Con varios poemarios ya publicados y premiados, Obrero fue galardonado con el XXXIII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE a la Creación Joven el mismo año que cursaba 2º de Bachillerato en el Instituto Público La Senda de Getafe y estudiaba guitarra en el Conservatorio Profesional de Música de la localidad. “Era lunes y estaba en la buhardilla de mi casa, el espacio casi aéreo que habito”, recuerda. “Acababa de salir de la primera sesión del club de lectura de poesía online al que tengo la suerte de estar inscrito este año, dirigido por Jordi Doce desde la Fundación Centro de Poesía José Hierro. Aquel primer día leíamos Siete poetas norteamericanas actuales (Pamiela, 1991). Me gusta pensar que fueron Pastan, Rich y Forché las artífices de esa llamada inesperada, que sucedió al tiempo que tocaba en la guitarra Torija, de Moreno Torroba”, añade.

“El año pasado tuvimos que cancelar el acto de entrega del premio en el ultimísimo momento”, recordó Sheila Loewe, Presidenta de la Fundación, en la presentación del acto. “Esta vez, nada podrá privarnos de celebrar juntos la poesía”, añadió. No sólo fue aquella la primera ausencia de este evento en los 32 años que tenía entonces este galardón, sino que era además la primera vez que los dos premios –también el de Creación Joven– recaían en sendas mujeres: Aurora Luque y Raquel Vázquez. Por eso ellas también estuvieron presentes en el acto de este año, leyendo sus poemas. Raquel Vázquez dio voz a “Un lugar” de su libro Aunque los mapas, y Aurora Luque a “Gavieras”, el poema que dio título a su libro, también galardonado en la XXXII edición del Premio,
Elena Medel, ganadora del Premio LOEWE a la Creación Joven en 2013, presentó Peachtree City. “Os recomiendo leer el libro de Mario olvidando su edad. Claro que es llamativo que lo escribiera con 16 años y que él ahora tenga 17, pero me parece muy injusto reducir una escritura tan inteligente, tan generosa y brillante, a una cifra. Es un libro excepcional”, dijo en la presentación. Un libro, añadió Medel, “sobre la identidad de la poesía, sobre su valor personal y sobre la poesía como forja de quienes somos. La poesía de Mario es un salvavidas para enfrentarse al mundo”. Mario Obrero celebró que los asistentes dejaran “que la poesía se haya hecho un hueco” en sus agendas y tuvo palabras de agradecimiento para la Fundación LOEWE y para Elena Medel. Peachtree City, dijo el poeta, articula que “la poesía es ese lugar común donde existe una empatía, una identificación poética con el otro basada en la esperanza, en la solidaridad y en una conciencia profunda que va unida de la belleza y de la memoria”. En su intervención, Mario Obrero recordó que “militar la lógica poética podría ser otra de las funciones naturales de la poesía. La lógica poética no es la lógica de la realidad, la lógica cotidiana ni la lógica que está inmersa en los discursos dominantes del tedio”. Sin embargo, no cree que sea “ni menos veraz, ni menos legítima, ni menos lícita; muy por el contrario, hay momentos en los que la lógica poética está atenta a murmullos, a cosas que, con torpeza, la realidad más cotidiana no sabe apreciar”.

Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) ganador del XXXI Premio Internacional de Poesía Fundación LOEWE, vivió la entrega del galardón con “la sensación de que no queríamos que terminara; había una amabilidad general que hacía que me sintiera arropado, protegido, y hasta querido”, explica. El poeta, con diez libros publicados previamente, considera que el Premio le ha llegado en el momento “más avanzado” de su trayectoria poética, “cuando lo que venía escribiendo ha llegado a su punto mayor de depuración. Yo pensaba que He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes me había salido bien, que era muy unitario, y al no llevar título tenía ese carácter de libro de meditaciones; como si uno hablara sólo para sí, sin necesidad de forzar la voz ni convencer a nadie de nada”, afirma.
Halagado por el hecho de que sus referentes literarios hayan reconocido su libro como merecedor de este premio, recuerda la relevancia del Jurado del Premio Loewe. “ Yo leía a esos poetas cuando empecé a escribir y ahora los ves ahí sentados, leyendo tu libro… y encima, ¡gustándoles!”, se admira con humor. Nombra a Jaime Siles, a Caballero Bonald, a Francisco Brines, Antonio Colinas o De Villena. “Víctor García de la Concha -Presidente del Jurado- era una eminencia como crítico literario cuando empecé; todos soñábamos con que él tuviera a bien hacer una reseña de un libro nuestro”, añade. Un Jurado del que Sánchez formará parte en su próxima edición. “Va a ser difícil, pero pondré el mismo empeño que escribiendo un poema; es una gran responsabilidad porque está en juego el prestigio del Premio, del Jurado… y también que un buen libro pueda salir a la luz”, reflexiona. Se trata, incide, “de elegir el libro que pienses que es el mejor, independientemente de afinidades o modas, e intentar detectar objetivamente determinados elementos que son los que dan valor a una obra”. Basilio Sánchez se considera “un trabajador de la poesía; no sólo escribir poemas sino todo lo que tiene que ver con la escritura: elegir el lápiz y el papel, la cubierta del libro, la editorial, o las lecturas de poemas”. El poeta, médico de profesión, reconoce el “trasvase” que vive entre ambas actividades: “Con los años he descubierto que el médico que soy ha mejorado mucho gracias a la poesía, pero que el poeta también se ha nutrido de la medicina”. Sin embargo, reconoce, su anhelo es “ser un buen médico en la medicina y un buen poeta en la escritura; si no, sería sospechoso”.
Fiel a su costumbre de alternar cada libro con, al menos, un año de silencio, Sánchez se encuentra en ese periodo de “aparente esterilidad que en realidad no es así, porque recargas emocionalmente tu vida de experiencias y cuando empiezas a escribir de nuevo, todo eso sale”. Se trata de reposar la mente para “disfrutar leyendo”, dice. “Un placer casi mayor que el de la escritura”.










