Archivo por meses: diciembre 2011

Bienvenido 2012

La Fundación comienza el año con el apoyo a “Danse la Danse”, un documental y una exposición fotográfica dedicados al coreógrafo Nacho Duato, que se presentarán en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Espacio Loewe de Gran Vía. En el ámbito de la danza, seguiremos también colaborando a lo largo de todo el año en las temporadas del Teatro Real en Madrid y el Gran Teatre de Liceu de Barcelona.

Ballet de Novosibirsk. Teatro Real. Temporada 2010-2011. Foto: Javier del Real

En marzo, además de entregar el XXIV Premio Loewe de Poesía a Álvaro García y de celebrar la publicación de su obra, Canción en Blanco, en la editorial Visor, se convocará la XXV edición del Premio, cuyo ganador se dará a conocer en noviembre.

Anuncio del Premio de Poesía 2011. Espacio Loewe en Gran Vía. Foto: Uxío Da Vila

.En mayo se celebrará el Concurso de Piano Infanta Cristina (Premios Loewe-Hazen). Los finalistas en las categorías Infantil y Juvenil podrán además asistir a nuestros Encuentros para Jóvenes Pianistas, cuya primera fase tendrá lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid en el mes de octubre.

XV Concurso de Piano Infanta Cristina. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Foto: Efraín Méndez

Seguiremos actualizando el blog y nuestro canal en Twitter (@FundacionLoewe).

La Fundación Loewe os desea un  feliz 2012.

Entrevista a Álvaro García

Álvaro García ha sido el ganador de la última edición del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe. Lo entrevistamos para conocerlo mejor y descubrir cuáles son sus proyectos a corto plazo.

¿Cómo nace Canción en blanco?

Casi sin querer. Fue una consecuencia no programada del amor. Acababa de escribir un ensayo sobre la poesía involuntaria. De pronto, una chica muy especial, muy diferente, y yo caímos en un amor intenso. Nos quedábamos en un pequeño hotel junto al mar y allí me puse a trabajar en tiempo real, de nuevo a la busca de la totalidad. Había escrito y publicado dos poemas largos. Y había pensado siempre que faltaba el tercero, el que completara el tríptico de la plenitud, de la reconstrucción poética que me diera esperanza en el mundo y les diera un poco de esperanza a todos los que leyeran o, mejor, escucharan el poema. Creo que los poemas largos se captan mejor leídos en voz alta. Todo tenía de pronto sentido poético, todo lo grande del mundo se prestaba a ser comprendido en lo pequeño, en el pequeño universo de nuestra existencia juntos. Me di cuenta de que llevaba años reflexionando sobre realidades e irrealidades que necesitaban que llegara un momento así para tener (el poema y yo) salud verbal y energía de totalidad. Escribía con ella al lado un poco lo que iba pasando, lo que íbamos viendo por la ventana o en la tele del cuarto. Las obsesiones del poema debían ser las mismas que tenía yo de años en la cabeza y en el corazón, pero organizado en la música y en el sentido de ese instante. El poema tenía, además, que parecer casual, involuntario. Parecer lo que era en el fondo; un no programado hijo del amor, ya digo. Y, llegado el caso, tenía que sobrevivir a todo, incluso a aquel amor, por lo que añadí versos muy concretos sobre la muerte y el olvido. Como el poema habla también, en los pareados en que la conciencia sale bruscamente del cuarto, de la invasión militar de un país que los amantes ven por la tele, el poema cerraba la trilogía valiendo para la vida y para la muerte. Todo, en el tiempo de lo que pasaba en el cuarto, en el mundo y en mí, pero como si no hubiéramos estado, tal como ocurre en los hoteles al medio día siguiente de la partida.

En el Festival Eñe, durante la primera lectura pública de Canción en blanco, apunté una reflexión tuya: “en la poesía, no cuento mi vida, sino que cuento con ella”…

La tengo en cuenta, sí, en vez de contarla. Hice otro ensayo sobre esto, Poesía sin estatua. Lo interesante en poesía no es para mí contar o copiar la vida, sino seguir el procedimiento de lo vivo. El movimiento, el enigma y la desaparición.

De entre las 957 obras presentadas este año al Premio Loewe, el Jurado eligió Canción en blanco, entre otras razones, por considerar un “reto novedoso” escribir un solo poema en vez de un poemario. Hay ilustres precedentes, claro, pero, más allá de cerrar el tríptico que antes nos decías ¿por qué un único poema?

Por eso de la búsqueda perruna de la totalidad. Creo que también un poco por temperamento mío y del poema, por ilusión de temporalidad, de acoplamiento físico con el argumento de lo que se habla. La duración, en poesía, es parte del argumento. También esto sigue el procedimiento de la vida: en el amor, la duración es parte del argumento. Duración objetiva o duración interior, no hace falta que lo diga.

Cuando se hizo público el Fallo del Premio Loewe, el poeta Luis Antonio de Villena señaló dos influencias en Canción en blanco: El cementerio marino, de Paul Valéry, por sus raíces filosóficas, y Razón de amor, de Pedro Salinas, por la temática amorosa. ¿Te sientes cerca de estos autores?

Me siento deudor del temple mental de ambos. Las raíces de pensamiento de todo poema están en la propia vida, pero la disposición a escribir suele estar ordenada por lecturas, que en mi caso incluyen sobre todo a poetas de apariencia fría.

Destacarías, entonces, otras inspiraciones…

Otros poetas de apariencia fría: Pound y Eliot. De ellos y de Apollinaire he aprendido a tratar de ser casual, ligero, para decir lo hondo. De Pound he aprendido a buscar simultaneidad. Los pareados de mi poema se acuerdan de los de Zona de Apollinarie y de los de Prufrock. Sin olvidar Piedra de sol de Octavio Paz, quien dice luego en prosa, a propósito de Espacio, de Juan Ramón Jiménez, ideas muy estimulantes sobre esto de la totalidad y la simultaneidad.

Llevabas sin publicar poesía desde 2005 y, mientras, te has dedicado a otros géneros, como el ensayo. Citando a Valéry, señalaste que ganar el Premio Loewe es la “recompensa al final de un pensamiento”. ¿El Premio Loewe, además de recompensar, crees que va a incentivar tu creación poética?

Sin duda. La poesía tiene sentido siempre, y creo que volverá cada vez más a nuestra sociedad; un premio como éste ayuda a que eso ocurra.

¿Qué proyectos literarios tienes entre manos?

Acabo de terminar mi primera novela. Y este verano he vuelto a hacer algunos poemas breves, con cierta excitación de reencuentro quizá porque este ciclo de poemas largos que se cierra con Canción en blanco ha ocupado diez años de mi vida.

Canción en blanco verá la luz en marzo de 2012 dentro de la Colección Visor de Poesía.

Estrellas fugaces en el Teatro Real

Hemos celebrado la clausura del Año Dual España-Rusia de una de las mejores formas posibles: bailando.

El pasado 5 de diciembre, el Teatro Real de Madrid se vistió de gala para recibir a los principales solistas de los Ballets de los Teatros Bolshoi  de Moscú y Mariinsky de San Petersburgo. El espectáculo, que como toda la temporada de danza del Teatro Real cuenta con el patrocinio de la Fundación Loewe, estuvo presidido por SS.MM los Reyes de España, que asistieron acompañados por  Svetlana Medvédeva (esposa del Presidente ruso), Alexander Zhukov (Viceprimer Ministro de la Federación de Rusia), Trinidad Jiménez (Ministra en funciones de Asuntos Exteriores), Alexander Kuznetsov (Embajador ruso en Madrid), Luis Felipe Fernández de la Peña (Embajador español en Moscú), Alberto Ruiz-Gallardón (Alcalde de Madrid), Gregorio Marañón (Presidente de la Fundación del Teatro Real), y Miguel Muñiz (Director del Teatro Real).

Elna Matamoros, Asesora de danza de la Fundación Loewe, nos cuenta lo que se vivió:

“Fue una Gala que abrió el Tchaikosky Pas de Deux de Balanchine -otro ruso, cuya Tarantella también se bailaría esa noche- interpretado Viktoria Tereshkina y Semion Chudin, y que se cerró con una apoteósica coda en la que los participantes sacaron sus mejores armas. Todo destinado a impactar.

Ha sido una magnífica ocasión para apreciar las diferencias entre estas dos compañías: la elegancia y la exquisitez del Ballet Mariinsky frente a la acrobacia efectista del Ballet Bolshoi, como pudo verse en los pasos a dos de El Corsario, por Anastasia y Denis Matvienko, y el de Don Quijote, por Natalia Osipova e Ivan Vasiliev. Yuri Smekalov, Fillipp Stepin, Svetlana Zakharova o Anastasia Kolegova -que bailó por sorpresa sustituyendo a Ulyana Lopatkina, repentinamente enferma- han aportado una maravillosa nota clásica a la programación de este año en el Teatro Real.

Ojalá se repita con más frecuencia porque lo bueno, si no es breve, se disfruta más.”

Anastasia y Denis Matvienko en Le Corsaire

Osipova y Vasiliev en Don Quixote

Entrevista a Mario Mora y Diego Catalán

Como ya sabéis, acabamos de convocar el XVI Concurso de Piano Intanta Cristina. Hoy entrevistamos a Mario Mora y Diego Catalán, Primer y Segundo Premio, respectivamente, en la categoría de Jóvenes Concertistas en la última edición.

MARIO MORA

Diego Catalán

1 ¿Cómo comenzó vuestra relación con la música? ¿Cuándo supisteis que queríais dedicaros profesionalmente a la música?

Mario: En mí empezó de forma muy natural. Era uno más de los juegos que tenía cuando salía del cole. No sé exactamente el momento en que decidí dedicarme a ella profesionalmente. Más o menos, a los 14 ó 15 años, porque cada vez amas más y más la música y es algo que nunca para de crecer.

Diego: Mi relación con la música empezó con unos cubos de pintura de mi tío. Al principio quería estudiar percusión, pero no había disponibilidad de ese instrumento en la escuela musical y como segunda opción, elegí piano y poco a poco me ha ido atrayendo más y más hasta el día de hoy. Supongo que, como en todos los campos, cuanto más conoces algo, más te gusta, más te das cuenta de lo poco que sabes, y más quieres investigar y aprender; por ello, de momento intento disfrutar del privilegio de poder estudiar algo que me apasiona y disfruto con ello.

2. Los dos habéis tenido el mismo profesor en el Conservatorio. ¿Qué habéis aprendido de José María Martínez Toledo?

M: Todo. La primera etapa de un pianista es la fundamental. Es cuando “la planta empieza a crecer”, y es donde se decide si crece recta o torcida Y él siempre ha sabido darnos los conocimientos exactos en los momentos exactos. Además, no ha sido sólo un profesor de piano para nosotros, ya que nos ha formado tanto profesional como personalmente.

D: Ha sido mi profesor durante todo mi crecimiento pianístico y personal. Creo que hoy soy como soy (en lo bueno y en lo malo) por la educación de mis padres y por la de José María. Con él he aprendido la mayoría de las cosas que sé.

3. ¿Recordáis la primera vez que participasteis en un concurso? ¿Cómo fue la experiencia? ¿Pueden ser útiles para un joven los concursos aunque no se ganen?

M:  Fue con 9 años en Cuenca. Recuerdo el momento, pero quizá yo no era consciente de que era un concurso. Tocaba cuando me decían y donde me decían, y al final acabé de la mejor manera. Los concursos, si se saben tratar, siempre son útiles. Tocas para gente entendida que te da consejo, escuchas a otros pianistas de tu edad que tienen, quizá, los mismos objetivos que tú, y tu nombre suena por ahí. Ahora mismo no veo otra forma de moverse y promocionarse, por lo que recomiendo que los jóvenes se animen a este tipo de eventos, sin olvidar que la parte competitiva no es la más importante.

D: Mi primer concurso fue en Segovia. Lo recuerdo gratamente ya que fuimos varios compañeros de Cuenca. Fue como una excursión. Pasamos un fin de semana magnífico y además nos dieron algunos premios.  Creo que los concursos son una buena forma de poder tocar delante de gente diferente, ya que en la actualidad es difícil tener oportunidades de dar conciertos. Es necesario para coger confianza en el escenario; además te ofrece la oportunidad de conocer y de que te conozcan personas importantes dentro de la música que te pueden aconsejar, conoces muchas ciudades y te das cuenta del nivel que existe fuera de tu pequeña ciudad (en nuestro caso). Ganar o no ganar no importa, porque la música no es una ciencia exacta y no es tan fácil escoger quién es el mejor; quiero decir, muchas veces no me gustaría estar en la piel del Jurado, ya que tiene que ser bastante difícil.

4. ¿Por qué creéis que el Jurado del Premio Infanta Cristina decidió otorgaros los premios?

M: Es algo que sólo saben ellos. Yo creo que un jurado busca lo diferente y lo personal, ya que el nivel es alto en todos los participantes. Supongo que vería en nosotros algo diferente.

D: Es difícil hablar de las posibles virtudes que vieron en mí. Sería mucho más fácil hablar de las de mis compañeros, pero supongo que ese día se me dio “medio bien” y algo les transmití cuando toqué. Y en cuanto a Mario, porque en su interpretación se vislumbró un fugaz rayo de su personalidad; como pianista no tengo conocimientos suficientes para hablar pero como persona y AMIGO creo que ha alcanzado un nivel muy elevado.

5. Habéis participado en el Concurso, a lo largo de estos años pasados, en sus distintas categorías (Infantil, Juvenil y Jóvenes Concertistas) y acudido a los Encuentros para Jóvenes Pianistas que se organizan para los más destacados entre los más jóvenes ¿Qué han supuesto el Concurso Infanta Cristina y los Encuentros en vuestra carrera?

M: El Concurso Infanta Cristina es mucho más que un concurso. Los encuentros te forman musicalmente, y en ellos encuentras a gente como tú con la que compartir un fin de semana lleno de música y de vida. Son tres días que siempre quedan grabados en tu memoria, y es sin duda, una de las mejores iniciativas que he visto nunca en ningún concurso.

D: De la categoría infantil, recuerdo el primer Encuentro que se realizó. Iba algo desconcertado por lo que ocurriría pero luego discurrió el fin de semana muy veloz ya que la organización era espléndida y no dejaban tiempo para el aburrimiento. Aprendí mucho no sólo a nivel pianístico. Tampoco se me olvidará el viaje a Hamburgo [al Concurso Steinway, por ganar el Primer Premio Juvenil en 2008] que fue a-l-u-c-i-n-a-n-t-e, la semana en Córdoba junto con los participantes en el curso de Lucena… Resumiendo: el Concurso Infanta Cristina ha supuesto abrirme los ojos hacia campos que tenía muy escondidos dentro de la música, ese universo que no es muy conocido y que es tan apasionante; y la oportunidad de conocer a centenares de compañeros pianistas de procedencias tan distintas.

6. El Premio Infanta Cristina incluye conciertos por toda España. ¿Cómo habéis vivido la experiencia?

M: Para mí ha sido un año increíble. No hay mejor premio que poder vivir, desde nuestra perspectiva, lo que se acerca a una vida de concertista. Es algo que me apasiona y por lo que lucho, y de estos conciertos he aprendido mucho en todos los sentidos.

D: Durante dos semanas, tuve concierto cada día en un sitio distinto y fue muy bonito conocer tantos lugares tan diferentes y cercanos a la vez. En esos días, al principio me agobié un poco por miedo a lo que se me venía encima, pero una vez que empecé me centré en disfrutar de la experiencia y tengo muy buenos recuerdos de los conciertos y viajes.

7. ¿Cuál es vuestro próximo reto a corto plazo? Y a largo plazo, ¿Cómo os veis dentro de unos años?

M: Para conseguir un reto a largo plazo, es necesario ponerse retos a corto plazo. Mi objetivo es vivir de la música, y quizá a un instrumentista siempre le gustaría ser eso: instrumentista. Ser pianista y vivir de ello sería mi sueño, pero amo la música y me encantaría vivir rodeado de ella, fuese como fuese. A través de pequeños retos como concursos, audiciones y conciertos, hay que intentar ir creciendo para acercarse al objetivo más grande.

D: A corto plazo, lo primero que se me ha pasado por la cabeza es aprovechar cada minuto que paso con mi actual profesora, Elena Orobio, ya que cada día me sorprende con algo diferente, me saca una sonrisa junto con las ganas de trabajar y de investigar mundos nuevos, sonidos nuevos, experiencias distintas cada día. Por otro lado necesito mejorar bastante mi nivel en los idiomas. ¡Sería un buen propósito de Año Nuevo! E intento no pensar demasiado a largo plazo, pero me gustaría obviamente seguir descubriendo cosas nuevas dentro de la música.

8. Mi última pregunta: Acabamos de convocar las bases de la XVI edición del Concurso Infanta Cristina. ¿Qué consejos les daríais a los nuevos participantes?

M: Que se animen y participen. Es un concurso con una organización increíble, y se van a sentir arropados en todo momento. Ganen o no, conocerán a muchísima gente que no será la última vez que vean, y la experiencia sería absolutamente inolvidable.

D: Principalmente que no disputen, que disfruten de la experiencia. Que no se cierren en su propio mundo, en su interpretación. Que conozcan a sus compañeros y a quienes llevan la organización, ya que creo que se aprende mucho más de esa manera. Todo para que, cuando unos años después te hagan una entrevista y te pregunten sobre el Concurso Infanta Cristina, siempre lo recuerdes con una sonrisa.

 

FOTOS: ARCHIVO FUNDACIÓN LOEWE