Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe

Bolsos. Cada uno, con su historia; sus comienzos y su destino. Bolsos que se llenan de cosas, con vida en su interior. Los artículos en piel, elemento fetiche de Loewe, cobran absoluto  protagonismo con su presencia física en esta exposición.

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La muestra Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe, recién inaugurada en la tienda de la calle Serrano de Madrid, narra la trayectoria de Loewe, precisamente, a través de las imágenes de los objetos. Bolsos, sedas y la exquisita simbología corportiva llenaron -por este orden- las mentes y las manos de quienes han conducido a la marca española dentro y fuera de nuestras fronteras. Unas magníficas fotografías de Scheltens & Abbenes muestran los secretos que esconden las sedas y acompañan a los absolutos reyes de la casa: los bolsos.

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Desde 1996, Loewe forma parte del grupo LVMH y está extendida internacionalmente; ya su nacimiento fue consecuencia de la multiculturalidad europea: fue fundada en España -con sede en Madrid- por un empresario alemán que supo aunar la excelencia de la marroquinería artesanal con el buen gusto, los materiales nobles y la búsqueda del cuidado al cliente más audaz. Esfuerzo, trabajo, y pequeños detalles hacían resplandecer las pieles que han dado prestigio y distinción a los artículos Loewe; todo ello logró que la casa se convirtiera, en 1905, en proveedor oficial de la Casa Real.
Tras los bolsos y el trabajo de la piel, fue la seda la gran incorporación de Loewe. Colecciones que han sabido reunir nuestro pasado más visceral buscando un futuro inmediato a través de lo cotidiano; la Historia de nuestro país, en forma de pañuelo que se deja fotografiar.

Diseños atrevidos, superlativos, geométricos… que parten de nuestras tradiciones para envolver nuestros sueños. Todo ello, presente en la exposición, provoca que Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe sea más que un cajón desordenado en el que todo cabe; los juegos de luces y espejos muestran la vida interior de nuestros objetos de uso diario, a los que Loewe concede, como si de su hada madrina se tratara, un valor único y especial gracias a su gusto por el detalle. Huyendo de un discurso cronológico, esta exposición nos acerca aún más al corazón de Loewe.

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Por otra parte, también conforma Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe el diseño corporativo que se fue creando a la vez que Loewe y que poco a poco estaba cada vez más y más presente en la vida de España a través de actos sociales o publicaciones. Loewe ya aparecía en prensa, tenía presencia directa entre la población y publicaba, además de sus habituales catálogos, la revista Forma, que se editó desde la propia casa Loewe durante la década de 1960, reuniendo las mejores firmas de los intelectuales del momento y que simboliza lo que fuera el germen de la Fundación Loewe, que nacería en 1988.

Todo ello forma parte de un mismo recorrido vital en el que brillan los principales nombres -ya emblemáticos- que han integrado la firma española.

Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe es una muestra de convivencia y recuerdos. Un hermoso espacio lleno de momentos, vivencias, imágenes y cómo no, guiños al futuro.

Fragmentos de una historia: 168 años de Loewe. Loewe, calle Serrano, 26.  Madrid. Hasta el 18 de mayo  [Lunes a sábado: 10:00 a 20:30h. Domingos y festivos: 11:00 a 20:00h].

Fotografías: Scheltens & Abbenes para Loewe.
 

Feliz Día Mundial de la Poesía

Fuera de sitio

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

De Los desengaños
Antonio Lucas
Premio Loewe 2013
Visor, 2014

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

para Erika

Nadie se posa en el alféizar -son veintiocho años
de espacio adolescente-,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
-si me preguntan, respondo que ya no-
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

De Chatterton
Elena Medel
Premio Loewe a la Creación Joven 2013
Visor, 2014

Poesía y vida

La gran fiesta de la Fundación Loewe gira cada año en torno a la poesía.

Jon†s Trueba, Enrique Loewe, Elena Medel, Antonio Lucas, Sheila Loewe y Juan Diego Botto

Artistas, escritores, periodistas, políticos y gestores se reúnen cada año en el Hotel Palace de Madrid para celebrar la entrega del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, que en esta XXVI edición ha recaído en manos de Antonio Lucas por su libro Los desengaños y Elena Medel, en Creación Joven, por su poemario Chatterton. Ambos, como de costumbre, han sido publicados por la Editorial Visor.

Juan Diego Botto, presentando el libro los Desenga§os, de Antonio Lucas

Aunque el ambiente de celebración es constante, año tras año, y los reencuentros que tienen lugar en los salones del Palace son siempre entrañables, nada logra restarle protagonismo a la auténtica estrella de ese momento: la poesía.

Se puede vivir sin poesía -se dijo en numerosas ocasiones durante el acto de presentación de los libros- pero sin duda, la vida estaría mucho más vacía, sería menos rica e interesante. Poetas de referencia se mezclaron el pasado miércoles con los más jóvenes -ganadores del Premio Loewe en ediciones anteriores- y ese ambiente de camaradería en el oficio y en la vida resalta el auténtico significado del acto de entrega del galardón.

Eduardo Arroyo, Carmen Iglesias y V°ctor Garc°a de la Concha

Como no podía ser de otra manera, las palabras de Enrique Loewe, Presidente de Honor de la Fundación, se vieron empapadas de recuerdos a escritores fallecidos recientemente y muy vinculados a los primeros tiempos del Premio de Poesía: Octavio Paz fue, según palabras de Enrique Loewe, “el impulso y la energía” de los primeros años, fundamentales para que este galardón de las letras españolas pueda seguir disfutando de una larga y prestigiosa existencia; la poesía de Juan Luis Panero, primer ganador del Premio, propició la memoria y el reconocimiento a los galardonados en el pasado.

Además, Ana María Moix, brillante mujer de letras e impulsora de los Premis Terenci Moix en Barcelona, con los que la Fundación Loewe ha tenido un vínculo estrecho durante varios años, y el poeta Félix Grande, amigo y estimulante presencia en los actos de la Fundación Loewe, fueron recordados con cariño y agradecimiento.

Sheila Loewe y Angel Schlesser

Mirando al futuro con ilusión y alegría, augurando lo mejor para la Fundación -ahora en manos de su hija Sheila- Enrique Loewe disfrutó de un acto que también daba protagonismo a otras artes, y que vinculaba por primera vez cine y poesía.

La entrega de los galardones de manos de Enrique y Sheila Loewe a los poetas premiados derivó en la presentación de los libros por parte del guionista y director de cine Jonás Trueba y el actor Juan Diego Botto. Admiración y complicidad se adivinaban en las palabras de ambos, que cerraron los propios poetas leyendo sus versos ganadores. La cercanía generacional de los cuatro, poetas y cineastas, se revelaba en espíritu de colaboración, cercanía y buenos presagios.

Nuevas generaciones toman el relevo y nuevos poemas esperan su oportunidad.

Elena Medel con Jon†s Trueba y Juan Diego Botto

Fotografías: Jonás Trueba, Enrique Loewe, Elena Medel, Antonio Lucas, Sheila Loewe y Juan Diego Botto; Antonio Lucas y Juan Diego Botto; Eduardo Arroyo, Carmen Iglesias y Víctor García de la Concha; Sheila Loewe y Ángel Schlesser; Elena Medel con Jonás Trueba y Juan Diego Botto © Fundación Loewe, 2014.

Los 100 años de Octavio Paz

OctavioPaz1Decía Octavio Paz que todas las religiones cuentan cómo, en su origen, el mundo estaba poblado de dioses, ninfas, ángeles y demonios; de pronto ese mundo se despobló y sólo quedaron fuerzas que había que utilizar y dominar. Ese mundo de dioses también se olvidó de la poesía.
Así identificaba el escritor, de forma metafórica, el maltrato al que hemos sometido a la naturaleza a lo largo del siglo XX con la ausencia de una gran poesía que lo culminara.

La voz de Octavio Paz surgió en América habiéndose impregnado tanto de la corriente surrealista como de la literatura anglosajona, y supo evolucionar y modificarse constantemente, con un ingenio casi voluptuoso. En su faceta de artista comprometido ejerció de crítico feroz con las dictaduras que crujían en América Latina, unas y otras; la edad, sin embargo, lo fue amansando y decepcionando de sus ideas revolucionarias, aunque nunca perdió su compromiso social e intelectual.

A este exquisito prosista, poeta entregado y protagonista generoso de la literatura mexicana, tanto el Premio Cervantes en 1981 como el Nobel de Literatura en 1990 le sirvieron para disfrutar el  respeto y la admiración unánime que sus compañeros de profesión sentían por su trabajo.

JuradoIIPremio Loewe1989

El vínculo de Octavio Paz con la Fundación data de la segunda edición del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, cuando el mexicano llegó como Presidente del Jurado. Siempre ejerció más de jurado que de presidente, ya que su compromiso en las jornadas de deliberación y las defensas enérgicas de sus poemarios favoritos son todavía recordadas en la Fundación con agradecimiento y nostalgia. Él mismo escribió, desde entonces y hasta la VI edición del Premio, las contraportadas de los libros ganadores, que eran y siguen siendo publicados por la Editorial Visor.

Su presencia incorporó cierto protagonismo a la vertiente americana de la poesía, algo que ya desde entonces buscaba la Fundación Loewe; al dejar de participar como jurado activo en las votaciones, llegó a la casa el chileno Gonzalo Rojas. Por su delicada salud, Octavio Paz pasó a ser Presidente de Honor y mantuvo este cargo hasta su fallecimiento en 1998.

ABC6junio1989

Octavio Paz sigue formando parte de nuestro Premio de Poesía; ya en 1998, fue el dedicatario de la Antología Poética de los 10 primeros libros ganadores acometida por Luis Antonio de Villena, y que se tituló La Poesía Plural (Madrid, Visor, 1998). Baste también recordar lo que Paz escribió del libro ganador en la segunda edición del Premio -Semáforos, semáforos (Madrid, Visor, 1990)- de Jaime Siles, hoy jurado habitual, brillante colaborador y amigo de la Fundación: “un libro muy personal y que provoca en mí un deslumbramiento sonriente”. Así, deslumbrados ante la poesía y sonrientes hacia el futuro, celebramos el centenario del nacimiento de Octavio Paz, y aguardamos la ya cercana celebración del XXVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, de cuya edición anterior compartimos aquí los mejores momentos.

[Para ver el video conmemorativo del XXV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, pinchar aquí.]

Fotografías: Retrato de Octavio Paz © Archivo Fundación Loewe. Jurado del II Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe: (de izquierda a derecha) Enrique Loewe, Octavio Paz, Pere Gimferrer, Jesús García Sánchez, Luis Antonio de Villena, Antonio Colinas, Juan Luis Panero, Carlos Bousoño y Francisco Brines © Archivo Fundación Loewe, 1989. Recorte de prensa, diario ABC (Madrid, 6 de junio de 1989).
 

La Belle

Cuando Jean-Christophe Maillot, director de Les Ballets de Monte-Carlo, creó La Belle, quiso alejarse de las versiones edulcoradas que habían llegado hasta nosotros de La Bella Durmiente del Bosque, y lo que consiguió fue que los adultos descubrieran la magia dramática del cuento de Perrot.

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Reescrita por los Hermanos Grimm y llevada al escenario en 1890 con una majestuosa e inmejorable versión del compositor Piotr I. Tchaikovsky y el coreógrafo Marius Petipa en San Petersburgo, La Bella Durmiente se había convertido en un cuento de hadas que destacaba la primera parte de la historia y la hacía terminar con un clásico final feliz -el despertar de la Princesa y la boda de los herederos del Reino-  que los coreógrafos aprovecharon para culminar con escenas de apoteosis acrobática en una auténtica exhibición de los mejores y más elegantes bailarines de los que las compañías dispusieran. La narración de Perraut, sin embargo, como también la versión posterior de los Grimm, cuenta con una segunda parte que aúna el drama, la traición, la calumnia y la venganza… para volver a terminar con la victoria del bien sobre el mal, tras un sórdido recorrido por las más complejas emociones humanas.

SONY DSCMaillot, para completar la historia primitiva, y encontrando incompleta la original partitura que Tchaikovsky había creado para la versión de Petipa, añadió algunas escenas del ballet Romeo y Julieta y se recreó en los personajes principales, que actúan sin censuras, sin sufrir filtros estéticos ni morales. Se trata, así pues, de un ballet que se aleja muchísimo de la visión que todos recordamos de La Bella Durmiente tradicional, y por eso el coreógrafo lo tituló La Belle. La Belle es ella, única protagonista de una historia que nunca parece terminar de dirigir… ¿o no? Otros personajes, ricos en matices, la rodean. El ballet La Belle es una obra coral en la que tanto los solistas como el conjunto tienen la obligación de conducir la historia real, humana que allí se cuenta.

Galardonada con el Premio Nijinsky 2001 como la mejor coreografía del año, este ballet se ha convertido desde entonces en buque insignia de Les Ballets de Monte-Carlo, una compañía refundada en 1985 con la intención de devolver a la danza el protagonismo que había tenido en el Principado de Mónaco décadas atrás, y que Maillot ha sabido dotar de un sello estilístico inconfundible.

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Su presencia en Barcelona, como parte de las actuaciones de danza que con patrocinio de la Fundación Loewe han tenido lugar en el Gran Teatre del Liceu, era muy esperada. Con prestigio internacional, los bailarines de Les Ballets de Monte-Carlo son el mejor instrumento de que su director y coreógrafo principal se sirve para mostrar, sobre la escena, el brillo y la excelencia de su compañía.

Fotografías: La Belle por Les Ballets de Monte-Carlo © Laurent Philippe, Javier del Real y Marie-Laure Brian.

Nippon-Koku

Nippon-Koku no es un documental sobre Japón.Nippon-Koku3

Recién estrenado el pasado sábado en Naves del Español – Matadero Madrid, Nippon-Koku es el último trabajo que ha presentado la Compañía Nacional de Danza, obra del coreógrafo Marcos Morau -Premio Nacional de Danza 2013- y La Veronal.

Morau fundó La Veronal en 2005, aglutinando así un conjunto de creadores provenientes de la danza, el cine, la literatura y la fotografía. Alejados de patrones creativos convencionales, los componentes de La Veronal recorren espacios artísticos globales que conllevan una visión conjunta del proceso artístico y una búsqueda común de soportes expresivos. Nippon-Koku es un eslabón más de un decálogo que iniciaron poniendo en relación danza y geografía, partiendo de países o ciudades, y convirtiendo sus metáforas estéticas en reflexión humana.

Nippon-Koku1Esta obra tiene detrás un equipo artístico de primera linea y cuenta con dramaturgia de Pablo Gisbert, escenografía de Enric Planas, vestuario de David Delfín, iluminación de Albert Faura y música de Luis Miguel Cobo. Marcos Morau, además, se ha apoyado en el personalísimo movimiento de su asistente, Lorena Nogal, y el trabajo de improvisación de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza.

Una compleja reflexión sobre la autoridad y su reflejo social, la complicidad del individuo en el devenir de los tiempos… La pieza brota del escritor y dramaturgo Yukio Mishima, sus teorías sobre fascismo o belleza, su vínculo con el ejército y la elección de su muerte mediante los rituales más populares de la tradición japonesa. Todo ello otorga a Nippon-Koku una estética oriental intrigante, que convierte la obra en un auténtico proceso de reflexión para el espectador. Todo un reto para la Compañía Nacional de Danza -de la que la Fundación Loewe es su patrocinador oficial- y su público, que se enfrentan en esta ocasión a una obra que, lejos de dejarnos indiferentes, nos acompañará cómplice en nuestras más profundas emociones.

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Nippon-Koku. Compañía Nacional de Danza en Naves del Español, Matadero Madrid. Del 8 al 16 de febrero de 2014. Más información en www.mataderomadrid.org.

Fotografías: Nippon-Koku. Agnès López-Río y Mar Aguiló © Jesús Robisco, 2014. Mattia Russo con Tamako Akiyama y Elisabet Biosca con Bailarines CND © Borja Suárez Lázaro-Galdiano, 2014.

Silence Shapes

La descontextualización de los elementos nos hace percibir la dimensión auténtica de lo que tenemos ante nosotros, liberándola de connotaciones forzadas por nuestras experiencias previas; otras veces, lo que nos llega es una fantasía, una imagen irreal que nuestra mente no identifica como familiar y puede provocar el desconcierto, la sorpresa vestida de magia.

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El fotógrafo italiano Filippo Minelli ha iniciado este camino de búsqueda de lo inesperado que se llama Silence Shapes en el año 2009 y ha alcanzado un entendimiento casi místico con los lugares que explora. Si solemos identificar las bombas de humo con la consagración legal de la violencia bajo una solemnidad casi formal para el mantenimiento de la paz, la obra de Minelli conseguirá hacernos cambiar de opinión. Nubes teñidas de color alcanzan los lugares más insospechados para dejarnos ensimismados, incubando ideas que se quedan flotando en nuestra mente mientras viajamos de un lugar a otro, de un color a otro. Un bosque, un prado, un estanque… entornos que asociaríamos con los que marcaron la estética del romanticismo europeo, se ven ahora ocupados -diríamos mancillados si no fuera por la poesía que encierran sus encuadres- por nubes coloridas que arrastran un pasado rebelde, tumultuoso y casi bélico. Un juego de actitudes ante la vida que provoca en cada espectador sensaciones diferentes.

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Con la muestra Silence Shapes, que podrá verse en el espacio expositivo de la tienda Loewe en la calle Serrano de Madrid, el fotógrafo Filippo Minelli -nacido en Brescia, Italia, en 1983- aparece en lo que está siendo su primera muestra individual en nuestro país. De esta forma, Loewe apoya una vez más la creación joven y apuesta por una proyección sincera de la obra más prometedora de esta generación.

Una colección de imágenes que nos ayudará a convertir el mundo, por fin, en el silencioso espacio que todos quisiéramos ocupar.

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Silence Shapes. Loewe, calle Serrano, 26.  Madrid. Hasta el 30 de marzo  [Lunes a sábado: 10:00 a 20:30h. Domingos y festivos: 11:00 a 20:00h].

Fotografías: Silence Shapes © Filippo Minelli.

Antonio Lucas, poeta

Dos meses después de haberse alzado con el XXVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, Antonio Lucas ve cómo se acerca el momento de tener su libro ganador -Los desengaños- entre sus manos y a disposición de sus lectores. Será su quinto poemario; con sus obras anteriores, Lucas ya había reunido reconocimientos como el Premio Internacional Ciudad de Melilla (Los mundos contrarios, 2009), el Ojo Crítico que concede RNE (Lucernario, 1999) y un áccesit del Premio Adonais (Antes del mundo, 1996). Sin embargo, tras ganar el Premio Loewe, el poeta admite que “hay una mayor recepción hacia lo que uno escribe; por ejemplo en la librería Visor y en otros lugares me han contado que ya ha ido gente preguntando por Los desengaños. Eso destaca un cierto interés que no habían tenido otros libros; también ha tenido una enorme difusión en los medios. He ganado otros premios y todo había sido mucho más modesto, en esta ocasión ha habido muchas más atenciones y llamadas. Se nota la tradición tan extensa que arrastra el Premio Loewe. Me lo habían advertido algunos amigos que lo habían ganado previamente, y es cierto que de algún modo me ha cambiado la perspectiva.”

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Antonio Lucas es redactor de cultura y columnista en el periódico El Mundo y según nos confiesa, “lo único que he escrito más allá de los artículos periodísticos, desde jovencito, ha sido poesía”. Afirma que su llegada al mundo en verso fue bastante natural ya que su padre es “un gran lector de poesía, muy constante” y su infancia ya se desarrolló en ese ambiente; además de conocer poetas que eran amigos de la familia, su padre les leía -tanto a él como a su hermana- poesía de Rafael Alberti, Miguel Hernández o Antonio Machado. Para Lucas, ese primer contacto con la poesía fue “bastante ingenuo, incluso pasivo”. Sin embargo “a partir de los catorce o quince años empecé a leer por mi cuenta y a hacer los primeros versos; al principio imitando a los poetas que a uno le gustaban, como Lorca o Aleixandre, pero después pasas de ese ejercicio casi caligráfico de imitar a los poetas que te gustaban, a hacer cosas propias”. Al final, confiesa el escritor, “te quedas apresado en ese mundo tan fascinante que es contar tu vida o tus emociones a través de los versos. La poesía se convirtió en uno de los puntales de mi forma de entender el mundo, ver las cosas y entenderme a mí mismo”.

Para Lucas, el Jurado del Premio Loewe es “lo que le da esa pátina de excepcionalidad y lo convierte en un gran aliciente para tantos poetas españoles e hispanoamericanos; es un Jurado en el que hay premios Cervantes, premios Príncipe de Asturias, poetas a quien uno admira, ha leído, y que forman parte de su educación fundamental… un Jurado como ese se convierte en faro de costa no sólo de los demás premios de poesía, sino de todos los premios literarios que hay en España. El mejor elogio de sus miembros es que hayan optado por dar a Los desengaños el XXVI Premio Loewe de Poesía. Que hayan apostado por que ese libro forme parte de la escudería del Premio Loewe es el mayor reconocimiento”.

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Esta ha sido la primera vez que Antonio Lucas se presentaba al Premio, y afirma que “estaba muy seguro de que el libro estaba a la altura de lo que han sido otros ganadores del Loewe. En otros libros tuve la tentación pero, no es que no estuviese seguro de ellos, sino que pensaba que podía hacerse algo mejor, o se podía madurar de un modo más sólido, así que lo que hice fue esperar a tener un libro que pudiera estar a la altura que exige el Loewe. De mis cinco libros, sí creo que Los desengaños es el libro más cuajado, más hecho. Es probablemente en el que hay volcada una nueva percepción de lo que es mi propia poesía; mi obra anterior tiene un punto más abstracto, a veces más distante de lo real; en este hay una combinación de esa abstracción a la que no renuncio y de esa voluntad de hacer de la poesía también una herramienta de lenguaje, pero este libro es menos ensoñador. Los desengaños está lleno de lo que vivía yo por un lado y de lo que vivimos en la sociedad española por otro; por una parte aparece una ruptura sentimental -la separación de una mujer tras muchísimos años juntos- y por otra una percepción del presente que atravesamos y de la situación de incertidumbre que hay en lo ámbito de lo social. Esas dos cosas conformaban un estado de ánimo que no es de tristeza, sino de superación. El libro está escrito con un gran entusiasmo a pesar de que viene de dos arañazos: el arañazo del ciudadano que no comprende bien lo que sucede a su alrededor y no le gusta, y el arañazo de la persona que pierde a alguien que ha sido fundamental en su vida durante tantos años”.

Antonio Lucas con Francisco Brines

Para la ganadora del Premio Loewe a la Creación Joven -Elena Medel- sólo tiene buenas palabras: “Conocí a Elena cuando tenía catorce o quince años, y ya sus primeros poemas me parecieron de una gran calidad poética y de una enorme madurez para su edad. Fue una gran sorpresa ver que habíamos ganado los dos este año y que encontraba una ‘cómplice’ como compañera de viaje en el Premio Loewe. “Es lo mejor que nos podía haber sucedido a los dos en esta aventura”, añade.

Nuestro ganador de 2013 no quiere dejar de recordar lo que considera “los otros puntales del Premio Loewe”, además del Jurado: el plantel de ganadores anteriores y la editorial. De los primeros afirma que “demarcan muy bien el panorama de la poesía en español -tanto española como iberoamericana- que es muy rico y muy poderoso; es un privilegio formar parte de esa escudería”. Respecto a la Editorial Visor, confiesa Lucas ilusionado que “es muy estimulante que sea Visor, mi editorial, la encargada de publicar su poemario. “Visor es uno de los puntos de referencia de la poesía y también es de mi propia trayectoria lectora. Que además sea quien lo edite hace que el Premio se convierta en algo mucho más cercano para mí, mucho más familiar. Estar en Visor otra vez es como estar en casa con los mejores amigos.”

Fotografías:  Antonio Lucas en el acto de presentación de su libro Los desengaños y acompañado del poeta Francisco Brines © Uxío da Vila, 2013 para Fundación Loewe.